lunes, 8 de diciembre de 2014

A 4 días luz de casa

Ground control to Major Tom  
Take your protein pills and put your helmet on.  
Ground Control to Major Tom  
Ten, nine, eight, seven, six…  
Commencing countdown, engines on.  
Five, four, three...  
Check ignition and may God's love be with you.  
Two, one, liftoff.*

Después de la adrenalina de la cuenta regresiva y el empuje de los cohetes que por un momento había alterado mi anatomía, todo había terminado.
El vértigo, el cosquilleo en el estómago. La emoción. Eran solo recuerdos lejanos.
Mientras orbitaba la Tierra, pensaba en ubicar mi casa, oculta por la distancia y unas nubes de tormenta donde explotaban relámpagos. Uno tras otro.
La imagen de aquellos desayunos de verano, cuando el sol recién comenzaba a entibiar y ella aparecía con su albornoz entreabierto apenas cubriendo su desnudez, insistían en perdurar.
Después del despegue, la interminable monotonía de días sin noche. De noches sin día. El conocer cada sonido y saber diferenciarlo.
Rutina. Puta rutina.
A los doscientos seis días de viaje, mientras flotaba por la nave revisando los instrumentos, comencé a ensayar una coreografía con algunas canciones viejas. Parecía divertido. Me sentía un personaje de alguna película de héroes estelares. Era solo un intento de distracción estúpido. Inútil.
Lo hice hasta que perdí de vista al sol. A partir de eso, lo único que me mantenía atento, era tratar de dirigir a Bartók y recordar cada cadencia. Cada golpe. Cada acorde monocorde de una música que odiaba.

Afuera, el vacío lleno de estrellas me hacia estremecer. Adentro era peor.
Momentos de preguntas de mil respuestas. De ninguna correcta. Acertada.
¿A qué distancia se empieza a olvidar?

Después de mucho, o de poco, vi a lo lejos por la ventana de estribor, que una luz brillante, esplendorosa, hacía mi mismo camino. Pensé en un cometa. En los restos de un satélite perdido.
Era una nave. De metal bruñido, resplandeciente. Alguien tan solo como yo. Tal vez alguien a quien preguntar.
A quien responder.
Cambié a control manual y puse rumbo hacia el punto de luz como si fuera un faro. Como si fuera el único en la infinita inmensidad del universo.
—Control de tierra a mayor Tom. ¿Puede oírme mayor Tom?
La voz sonaba a lata y era tediosa.
—Mayor Tom, su rumbo cambió. Retómelo inmediatamente. De lo contrario se perderá en…
Extrañamente, todo parecía volver a tener sentido.
Cerré la comunicación y fui tras el brillo. Sin siquiera saber si alguna vez podría alcanzarlo.


* David Bowie. Space Oditty




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